En el universo de la alta relojería, pocas historias han generado tanta conversación como la del supuesto reloj de Jay-Z. Todo comenzó cuando apareció una imagen del artista en primera fila, portando lo que muchos identificaron de inmediato como un Rolex modificado por Franck Muller. La reacción fue instantánea: la comunidad relojera asumió que se trataba de una pieza legendaria.
Pero la realidad es aún más interesante.
Años antes, recién graduado, Franck Muller realizó una hazaña técnica que marcaría el inicio de su trayectoria. Transformó un Rolex estándar en un calendario perpetuo retrógrado, utilizando únicamente cincuenta componentes hechos a mano, sin alterar la caja original. Un logro que captó la atención incluso de ingenieros de Rolex, quienes buscaron entender cómo había sido posible.

Esa pieza, considerada una de las primeras expresiones de su genio, apareció brevemente en 2019 antes de desaparecer en una colección privada. Hoy, forma parte de un museo en Tokio, consolidándose como un objeto de culto dentro de la relojería suiza.

El reloj asociado a Jay-Z tiene un origen distinto. Parte de un Rolex Day-Date modificado posteriormente con un módulo de calendario perpetuo Dubois-Depraz, el mismo utilizado por casas como Audemars Piguet en los años setenta. Esta conversión fue realizada por Antoine Preziuso, cercano a Franck Muller, y su configuración coincide con la pieza vista en la muñeca del artista.

El propio Franck Muller lo aclaró de forma directa: ese no es su reloj original.
La verdadera pieza única sigue siendo aquella primera creación. Un reloj concebido a mano que no solo definió el inicio de una carrera, sino que estableció un nuevo estándar en la relojería de lujo.

Porque en la alta relojería, la verdadera exclusividad no necesita explicación. Simplemente se reconoce.







